Toute femme est amère comme le fiel ; mais elle a deux bonnes heures, une au lit, l’autre à sa mort.


Con esta cita de Palades, escritor de epigramas del siglo IV a.C., Mérimée empieza su libro. Disimulados bajo el tópico clásico misógino se esconden los dos temas principales de su obra: “amor y muerte”, “eros y thánatos”.
No hay un argumento poético que se haya empleado más que éste, no hay una pareja de la que se haya chismorreado más que ésta; sin embargo, Mérimée logra renovar el tema, forjando a unos personajes con características arquetípicas y, por eso, inmortales.
Se habla de dos enamorados, dos amantes y en fin dos enemigos: Don José y Carmen, la gitana.
Él es soldado, o un hombre desprevenido, que arde de pasión y deja su vida de obligaciones para seguirle en el ambiguo mundo de los gitanos, donde la única regla es el deseo.
De todas maneras, el deseo es a menudo voluble, persigue el viento y no tiene morada. Entonces nacen los celos furiosos, la rabia que ciega, ofusca los sentidos y prefiere el feminicidio en vez del abandono.
Carmen es una historia de pasiones, de dramas, pero también de aventuras y artimañas picarescas que se arraigan tanto en la cultura literaria, evocando a Cervantes y Lope de Vega, como en la misma tierra ibérica. Entre sus páginas se respiran las especias gitanas, la aridez de la sierra española, el olor de la flora andaluza, el sudor, la sangre; se escuchan canciones olvidadas, guitarras desafinadas, gritos de felicidad y terror.
La erudición de Mérimée no sólo nunca es pedante sino que crea un universo vivo y terrible, hasta demasiado humano. Hay un fuego que anima este mundo, un punto focal alrededor del que cada cosa parece animarse, y es precisamente Carmen, una mujer cuyo nombre ya es poesía.
Las derrotas militares de 1808 padecidas por Napoleón en la Península Ibérica ya habían difundido la moda del exotismo español en la literatura francesa. Sin embargo, como escribe el crítico Jean Balsamo, es solamente en esta obra que, por primera vez, una gitana desempeña el papel principal y la fuerza con la que se asoma en la tradición literaria es tan poderosa que la vuelve una figura emblemática, capaz de influir en los gustos de las generaciones siguientes. De hecho, la figura de Carmencita se identifica totalmente con la de la femme fatale, muy amada tanto por el Decadentismo francés como por el europeo.









Carmen hechiza, seduce, corrompe; su encanto oscuro está relacionado con el esoterismo, con la magia, y se alimenta de un interés por lo grotesco, por lo incorrecto.
Ella lee las cartas, predice el futuro o más bien guía el destino. En efecto, toda la narración se podría leer como un camino de corrupción del ingenuo Don José, hasta su redención final.
Es difícil juzgarla, abrumarla bajo un juicio unívoco, ya que no parece ni siquiera humana, sino una criatura de la naturaleza, extraordinaria, salvaje e independiente, mitad maga y mitad ninfa. Se ha definido beauté étrange et sauvage, se ha comparado con un camaleón, acompañada por jazmines, por flores de casia, como si su lugar no estuviera entre los seres humanos sino entre las matas perfumadas de Andalucía.
Justo por su carácter bruto y salvaje, Carmencita ha suscitado y motivado el interés de Annie Nap – que en su recorrido de crecimiento artístico siempre ha estado fascinada con la figura seráfica de la ninfa – llevándola a desarrollar la voluntad de ilustrar el cuento de Mérimée y destacar los aspectos más sensuales y ocultos de la protagonista.
El propósito de este trabajo consiste en representar la belleza enigmática de la mujer e investigar sobre la complejidad psicológica del personaje, utilizando como medio de expresión no sólo la figur femenina sino también las imágenes de la sierra española que, gracias a la sinuosidad de las líneas, reproducen objetivamente una feminidad relacionada con el dios Pan, mística, casi divina.
Así como Mérimée viajó a España varias veces en 1830, la fotógrafa fue a los lugares donde ocurre el acontecimiento para que su trabajo se vuelva verosímil y auténtico y para captar profundamente el encanto indígena del cuento.
Por lo tanto, esta exposición propone representar la belleza de una feminidad madura y decadente y la fascinación de un feminismo ante-litteram tan atrevido que elige la muerte en nombre de la libertad personal y el deseo de independencia. 

Lettering
EdoardoMeda

Poetry
EdoardoAngrilli

Carmencita
Léa Geoffroy

Traduction
Anna Brotto


Book CARMENCITA  €20
Design @Davide Colella                        

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